Welcome to the Inopia.

Más allá de Orión, la Puerta de Tanhauser, los Cerros de Úbeda, la cara oculta de la luna, Babia y más lejos todavía de donde Cristo perdió el gorro andan a la deriva, o más bien naufragan, mis pensamientos y reflexiones sobre las más que recalentada realidad que nos abrasa todos los días. Por eso, cuando todo se emborrona y pareciera que nada tiene sentido, me exilio en la Inopia, lugar donde encuentro el hilo de Ariadna al que agarrarme si quiero encontrar la salida del laberinto.


Sitio desnuclearizado

viernes, 17 de marzo de 2017

LAS COSAS QUE IMPORTAN.



Si me pongo a contar las cosas 
que –verdaderamente- importan
en esta  puñetera vida
me salen no más de seis.
Mi familia y dos o tres
amigos a los que quiero
o quizás cuatro, no sé.
Una canción de Silvio Rodríguez,
una fotografía de mi madre,
de las de blanco y negro,
una puesta de sol en Pasajes,
el otoño en Pelegrina
y mi lugar en el mundo
que no es más que donde está  
todo lo anterior.
Después viene lo demás
que a decir verdad
me importa bastante poco.
Pero lo que te juro
ni me interesa ni me desvela
son los dioses baratos
las sucias banderas 
y las patrias de mierda.

martes, 14 de marzo de 2017

SER FELIZ.


Lo cotidiano
las cosas sencillas
lo que no tiene
importancia
o sí lo tiene
pero poco.
El beso
al vernos
después del trabajo,
el café compartido
los fines de semana,
mi brazo sobre
tu cuerpo dormido
mientras pienso
que ser feliz
(aunque sea solo a ratos)
es menos complicado
que lo que un día
nos imaginamos.
A pesar de que mañana
piense todo lo contrario.



viernes, 3 de marzo de 2017

HAY NIÑAS CON PENE Y NIÑOS CON VULVA ¿QUÉ MÁS DA).

El género está en el cerebro no en los genitales, aunque algun@s que piensan lo contrario parece que tuvieran el cerebro en los genitales.


viernes, 24 de febrero de 2017

24 DE FEBRERO DE 2017.


Amor del día a día
amor cotidiano
de cambiar pañales
de sacar al perro
de compartir sofá
con mantita y tedio.

Amor sin caducidad
ni San Valentín
de economía casera
de lunes marrón
 y periódico los domingos.

Amor en blanco y negro
y en cinemascope
de mirar la lluvia
de comprar el pan
de compartir el vaso
y la copa.

Amor a la luz de una vela
y de luz eléctrica
de abrazos bajo el edredón
y besos en la puerta
de despedidas
de llegadas.

Amor a pecho descubierto
de trincheras
y guerrillas
amor que es escudo en la batalla
y colchón en la retirada.

Amor que duele
que mata
que hiere
que cura
que aparece y desaparece.

Amor para amar de día
pero sobre todo
para amar de noche
amor sin más.


jueves, 16 de febrero de 2017

SOBRE PERROS Y HUMANOS.


"Debidamente entrenado, el hombre puede llegar a ser el mejor amigo del perro".
Corey Ford.

I.

Despertó volviendo la mirada hacia su perro, que allí estaba junto a su cama, esperando como desde que era cachorro una caricia, una mirada de complicidad, un ¡vamos, comencemos el día jugando! Pero no entendía ni uno solo de sus ladridos.

Siempre pensó que a aquél animal solo le faltaba la cualidad del lenguaje, el humano por supuesto, para ser perfecto y, sobre todo, para poder entender qué demonios quería. Su mirada, sus gestos, sus movimientos de cola, sus ladridos, todo el compendio de medios que utilizaba su perro para intentar comunicarse le maravillaba aunque nunca llegara a comprenderlo.

El perro, como en otras ocasiones, parecía querer decir algo, pero como siempre ni con miradas de profundidad inigualable, ni con movimientos de cola y ladridos de lo más elocuentes, parecía encontrar la manera de ser entendido. A pesar de todo el esfuerzo su dueño seguía con la perplejidad acostumbrada.


Así pues, como de costumbre, se dio media vuelta y optó por tumbarse, enroscado sobre sí y resignado como siempre y en el lugar de siempre, comprobando por enésima vez cómo su dueño seguía siendo tan humano, también, como siempre.

II.

Noto que ya nada es como antes. Me sirve igual que siempre mi plato de comida, pero desde hace unos días algo ha cambiado. Ahora va siempre acompañada de un ingrato e incómodo silencio. Yo devoro cada bolita de carne con la misma ansiada impaciencia de siempre pero cuando termino ya no acaricia mi lomo, ya no se dirige hacia mí con la dulce entonación que acostumbraba.

Mi instinto me dice que algo no va bien. Puedo oler la amargura que brota de sus ojos en forma de lágrimas y saborear su derrota cuando deja caer la mano que antes los restregó y ahora lamo en el intento de succionar hasta la última pena. Pero todo es inútil. Algo me insiste por dentro que se acerca la tragedia y por más que me vacío en mis ladridos no consigo que nadie acuda en mi ayuda, en la suya, la de mi compañera de juegos, de complicidades, de ternuras infinitas al calor de una chimenea, nadie acude y yo quedo solo contemplando como se balancea el cuerpo de mi dueña colgado del techo de la cocina.