Welcome to the Inopia.

Más allá de Orión, la Puerta de Tanhauser, los Cerros de Úbeda, la cara oculta de la luna, Babia y más lejos todavía de donde Cristo perdió el gorro andan a la deriva, o más bien naufragan, mis pensamientos y reflexiones sobre las más que recalentada realidad que nos abrasa todos los días. Por eso, cuando todo se emborrona y pareciera que nada tiene sentido, me exilio en la Inopia, lugar donde encuentro el hilo de Ariadna al que agarrarme si quiero encontrar la salida del laberinto.


Sitio desnuclearizado

miércoles, 6 de julio de 2016

06/07/2016. DIARIO DE UN NAVEGANTE CIBERNÉTICO.


A pesar de todo sigo navegando. La procelosa mar de las ondas cibernéticas sigue meciendo este navío desde el que contemplo el devenir de los tiempos. Tras mucho navegar nada parece haber cambiado después de traspasar tantas fronteras y otear tantos horizontes. En estas corrientes marinas cargadas de tanta energía parece como si el tiempo se hubiera detenido. Todo sigue igual. El laberinto espacio temporal por el que transcurren estas aguas, a pesar del constante cambio del que se alimentan, pareciera haber caído en una inesperada monotonía. Quiero imaginar que esta inquietante contradicción sea tan solo pasajera y que tras la aparente “tranquilidad” vuelvan a sucederse acontecimientos que sacudan mi navío de proa a popa.

Mientras tanto, encaramado al palo más alto de este virtual navío contemplo el horizonte plano de esta gran, y a la vez frágil, bola azul en la cual vivimos y viajamos alrededor del Sol. Esa estrella tan cercana, fuente de toda la vida de la Tierra, tan cegadora que no nos permite mirarla directamente a los ojos. Aquí, desde lo alto, observo esta pequeña plataforma flotante bajo mis pies y no dejo de pensar en lo pequeños que somos. Minúsculas centellas entre millones de galaxias. Una gota de agua de una ola entre millones de olas que perecen en la arena de cualquier playa. 

(Mi corazón late fuerte y rápido. Explota y estalla en busca de abrazos, de besos, de ternura. Me siento en paz conmigo mismo y porque no con este mundo tan complejo. Y te siento llegar. Solo puedes ser tú. Pues noto ese barro cálido con el que me moldeas. Acariciando mi cara con esas manos llenas de mi arcilla. Dejaré que me moldees a tu gusto pero recuerda que soy a la vez nieve y fuego).

Aunque esta tarde llueve no bajaré todavía hasta la proa, no me pondré a cubierto, no agarraré el timón, dejaré que a este cascarón de teclas lo siga meciendo la procelosa mar de las ondas cibernéticas.

Llueve sin parar. Lluvia de tormenta de verano que cae de manera brusca pero hermosa, de la que cala hasta los huesos. Me gusta sentir el agua sobre mi piel. Será por ese efecto anestésico que paraliza y habitúa a seguir aguantando el agua aunque vaya desgastando la memoria del pasado y el deseo de abrirse paso en el futuro. Lo malo es que esta lluvia puede ser  también sumamente persuasiva para que la gente se quede dormitando en alguna circunvolución de su cerebro, quejándose de casi todo, haciendo apenas nada. Pero no quiero caer, no quiero sumergirme en ningún pesimismo que socave la belleza del paisaje que abraza hoy mis pensamientos.


Seguiré navegando (y te seguiré queriendo en mi doble y contradictoria versión de alfa y omega), una vez más como explorador de lo tangible e intangible, buscando afanosamente a mi querida, anhelada e invisible Utopía, porque en ella y solo en ella se concentran mis quiméricos anhelos…


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