Welcome to the Inopia.

Más allá de Orión, la Puerta de Tanhauser, los Cerros de Úbeda, la cara oculta de la luna, Babia y más lejos todavía de donde Cristo perdió el gorro andan a la deriva, o más bien naufragan, mis pensamientos y reflexiones sobre las más que recalentada realidad que nos abrasa todos los días. Por eso, cuando todo se emborrona y pareciera que nada tiene sentido, me exilio en la Inopia, lugar donde encuentro el hilo de Ariadna al que agarrarme si quiero encontrar la salida del laberinto.


Sitio desnuclearizado

martes, 12 de noviembre de 2013

PAPALAPUIT.



En Papalapuit los papaliputienses cultivan papachugas, crían papaperdos y navegan por las costas de su isla en busca del más preciado de sus tesoros: el papabugo, pez de exquisito sabor, rico en proteínas y considerado un ser sagrado, ya que cuentan los más viejos papaliputienses que de la evolución de algunos de estos peces que se atrevieron a salir a tierra firme proviene el primer papaliputiense. Esto ocurrió hace muchísimos años, en el principio de los tiempos. Ahora, los más jóvenes e intrépidos papaliputienses aspiran a ser como los forasteros que llegan hasta Papalapuit en grandes barcos. Esos extravagantes seres que armados con unos extraños artilugios no paran de mirar y escuchar pero no parecen ni ver ni entender nada. A pesar de todo, los jóvenes quieren ser como ellos. Los viejos, basándose en su más que experimentada sabiduría, les aconsejan que no encontrarán un lugar mejor que Papalapuit. Pero no se pueden poner puertas al mar, ni siquiera en Papalapuit.


Muchos de estos jóvenes papaliputienses se marchan de Papalapuit si no en busca de un futuro mejor si al menos de un futuro diferente. Como veis, Papalapuit no se diferencia mucho de cualquier otro lugar. 



2 comentarios:

  1. Hola te vi en esta noche te cuento.
    La verdad es que este cuento te había valido muy bien para el tema de este mes, has inventado un país y sus habitantes, aunque como bien dices no difiere mucho de cualquier otro sitio.
    saludos

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  2. Sí, pero me decanté por el otro en el que me invento una religión (que por cierto el resto también son pura invención). Es verdad que Papalapuit no difiere mucho de cualquier otro sitio, quizás sea porque el comportamiento del ser humano es irremediablemente parecido sea cual se el lugar donde habite.

    Gracias por leerme.

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