Welcome to the Inopia.

Más allá de Orión, la Puerta de Tanhauser, los Cerros de Úbeda, la cara oculta de la luna, Babia y más lejos todavía de donde Cristo perdió el gorro andan a la deriva, o más bien naufragan, mis pensamientos y reflexiones sobre las más que recalentada realidad que nos abrasa todos los días. Por eso, cuando todo se emborrona y pareciera que nada tiene sentido, me exilio en la Inopia, lugar donde encuentro el hilo de Ariadna al que agarrarme si quiero encontrar la salida del laberinto.


Sitio desnuclearizado

viernes, 7 de marzo de 2014

LEOPOLDO MARÍA PANERO, IN MEMORIAM (1948-2014)

Fragmento de "el desencanto", de Jaime Chávarri

Deseo de ser piel roja,
por Leopoldo María Panero Blanc.

(Sitting Bull ha muerto, los tambores 
lo gritan sin esperar respuesta. )

La llanura infinita y el cielo su reflejo. 
Deseo de ser piel roja. 
A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido 
el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte. 
Deseo de ser piel roja. 
Sitting Bull ha muerto: no hay tambores 
que anuncien su llegada a las Grandes Praderas. 
Deseo de ser piel roja. 
El caballo de hierro cruza ahora sin miedo 
desiertos abrasados de silencio. Deseo 
de ser piel roja. 
Sitting Bull ha muerto y no hay tambores 
para hacerlo volver desde el reino de las sombras. 
Deseo de ser piel roja. 
Cruzó un último jinete la infinita 
llanura, dejó tras de sí vana 
polvareda, que luego se deshizo en el viento. 
Deseo de ser piel roja. 
En la Reservación no anida 
serpiente cascabel, sino abandono.

miércoles, 26 de febrero de 2014

SUSURRANTES.



La gente volvió a salir a la calle con la cara cubierta. Cualquier método era válido siempre y cuando sus rasgos identificativos no quedaran al descubierto. Resultaba llamativo ver a todo el mundo cubriéndose la boca y hablando en voz baja, susurrando. Ocurría desde el último carnaval. Al día siguiente del entierro de la sardina fueron solo unos pocos, hasta que el temor se fue extendiendo y todos asumieron que aquello era la única forma de poder salir de casa con cierta intimidad.

En aquella ciudad era como si el carnaval no hubiera acabado nunca. Ataviados con máscaras y antifaces sus habitantes parecían estar siempre de fiesta. Pero los motivos eran muy distintos. Desde que multiplicaron por mil el número de cámaras instaladas por todas las calles ningún rincón quedó libre de ser espiado. Esto al principio no causó tanta alarma como saber que detrás de las cámaras había policías entrenados en la lectura de los labios, y a aquella ambigua ley que proclamaba: “Cualquier cosa que digas podrá ser utilizada en tu contra”, pues a partir de entonces los habitantes de aquella ciudad siempre estaban bajo sospecha.




martes, 18 de febrero de 2014

CUANDO LA RUTINA SE QUIEBRA.



Otro día más, piensa Mario al levantarse. Mario tiene 80 años y se siente cada vez más inútil, sobre todo desde la última operación de rodilla. Su enorme cuerpo pesa demasiado para tan desgastadas articulaciones. Los más de cincuenta años de trabajo en la construcción le han dejado muchas secuelas, por dentro y por fuera. Menos mal que Petra está siempre cerca, siempre pendiente. Petra es la mujer de Mario, a la que sigue queriendo tal vez por necesidad o por rutina, pero qué más da a estas alturas de la vida. Esto último lo piensa Mario a menudo. Pero últimamente trata de no pensar demasiado. Tan solo dejar pasar el tiempo y esperar.
Sí, es un día más en la vida de Mario, pero hoy la mañana  escupe un grito que se ahoga contra el silencio de una radio que no debiera estar apagada. Todavía en pijama espera a que Petra le sirva el desayuno. Pero lleva más de una hora sentado junto a la mesa de la cocina y Petra no enciende la radio, no pone a calentar la leche. Hoy no se levantó antes que él.

A la hora en la que el sol calienta con la rutinaria violencia de un día de verano, Mario todavía espera a que su mujer le sirva el desayuno, le ayude a vestirse, a asearse. Pero Petra permanece aún en la cama, en silencio. Mario seguirá esperando.



miércoles, 12 de febrero de 2014

NO MIRES A LOS OJOS DE LA GENTE.

                                                   
                                             

Era sábado de carnaval. Una mujer se acercó y me pidió que la invitara a una copa. Comenzó a hablar mientras bebíamos. Prácticamente no coincidíamos en nada pero, a pesar de ello, establecimos una conexión de algún modo amistosa. Había algo en su aspecto que me resultaba atractivo y eso a pesar de la máscara que también cubría su rostro. Yo apenas abrí la boca en toda la noche mientras ella hablaba y hablaba. Fui perdiendo interés por lo que decía, hasta que un comentario suyo me provocó un escalofrío que recorrió mi garganta a la vez que el trago de gin-tonic. Fue cuando dijo que tenía un don especial para descubrir demonios. Según ella, bastaba con mirar a los ojos, comprobar que no eran del mismo color y que en sus pupilas se apreciara algo parecido al dibujo de una estrella. De pronto quise marcharme de allí. Aquella mujer, aquel bar de copas me estaban produciendo náuseas. Me despedí lo más cordialmente que me fue posible. Antes de salir de aquel tugurio me fui directo al baño. Frente al espejo me quité la máscara y las lentillas. Desde entonces no dejo que nadie me mire a los ojos.

Podéis leerlo también en http://estanochetecuento.com/




jueves, 30 de enero de 2014

CONFESIONES.

                                           

Mi psiquiatra me repite constantemente que la vida es como una novela y que hay que transcurrir por ella capítulo a capítulo hasta llegar al fin. Como siempre que hablamos lo escucho sin hacerle mucho caso, hasta que por mi cabeza comenzó a sobrevolar la idea del suicidio. No voy a explicar el por qué de tan descabellada idea pues sería demasiado extenso, tan extenso como la novela que dice mi psiquiatra que es mi vida. Voy por el capítulo siete, página ciento cuarenta y ocho, en pleno nudo argumental. Estoy impaciente por saber que pasa en la siguiente página, por eso le he dicho a mi psiquiatra que aplazaré mi suicidio, ya que según recomiendan los manuales de narrativa debería suceder en el último capítulo. Desde entonces mi psiquiatra y yo estamos más tranquilos.



jueves, 23 de enero de 2014

DE MUJERES Y HOMBRES.

                                           

I.

Mi mujer me regaló por mi cumpleaños una noche de hotel para dos, sin niños. Todo iba bien hasta el momento, en el que desnudos sobre una cama deshecha y después de hacer el amor un par de veces, sin apagar la luz, como dos desconocidos, con una furia y una pasión olvidada, ella enciende un cigarrillo y me ofrece una calada, aunque sabía perfectamente que dejé de fumar hace años. Fue entonces cuando comenzó a hablar de sus hijos, de su trabajo, de su vida vacía. Aunque desconcertado, la escuché en silencio. No dije nada pues quería entender que aquello formaba parte del morbo del regalo, y que cuando regresáramos a casa mi mujer volvería a ser la de antes.

Cuando dejamos el hotel y subimos al coche la observé mientras se abrochaba el cinturón, entonces creí que había recuperado a mi esposa, pero cuando llegamos a casa, y después de recoger a los niños, me dijo que había estado con un amante y que quería el divorcio. Sigo desconcertado y sin entender nada.

II.

La mujer que, desde hace exactamente un mes, vive con nosotros es una extraña. Juro que no la había visto en mi vida. Todo comenzó cuando al salir de casa para ir de compras y esperar a que mi mujer, la auténtica, subiese al coche, me llevé la sorpresa de no ser ella la que subió si no esta otra, que ahora además de cuidar de mis hijos comparte conmigo la cama. Al principio me resultaba algo incómodo y hasta violento, pero a medida que fue pasando el tiempo, tanto mis hijos como yo, nos fuimos acostumbrando al cambio. Es más, hasta empiezo a pensar que prefiero que mi mujer, la auténtica, no vuelva jamás.



lunes, 20 de enero de 2014

GAMONAL.

Desde la Inopia nos solidarizamos plenamente con la lucha de lo vecinos del barrio de Gamonal.


viernes, 17 de enero de 2014

SLOWLY.



La botella de ginebra estaba casi vacía cuando ella me pidió que bailáramos. Por la ventana se veían caer los copos de nieve, muy lentamente. Él, su marido, observaba la escena mientras acariciaba el borde de su copa.  Yo solo fui a hablar de negocios pero terminamos bebiendo y hablando demasiado, principalmente de unos asuntos bastante sucios, pero también de otras cosas, de nuestra antigua amistad y de ella. Estaba a punto de marcharme cuando él puso esa maldita canción. No nos quitaba ojo mientras apuraba su ginebra. Intenté separarme pero ella entonces se pegaba más a mí. Cuando noté su rostro cada vez más cerca del mío desee que la música no dejara de sonar nunca y que bailando nos fuéramos lejos, pero nada es eterno, lo sé muy bien. La música cesó de repente. Él seguía mirándonos,  yo hacía como que no me daba cuenta pero ella era consciente de lo que pasaba en todo momento. Afuera seguía nevando. No debía quedar ya nada de mi rastro sobre la nieve. Quise escuchar el sonido de los copos al caer y seguir bailando, muy lentamente, pero creí que lo mejor era marcharme. Y eso es todo señor juez.

También puedes leerlo junto a otros estupendos micros de diversos autores en la web: http://estanochetecuento.com/slowly/

jueves, 9 de enero de 2014

BARBANEGRA.




Durante mucho tiempo fui adicto a los chat de Internet hasta que conocí a Madame Bovary. Ella fue mi cura pero también mi condena. En el chat yo era Barbanegra y siempre me llamó la atención su alias. Al principio, cuando todavía no sabía quién era,  intenté seducirla, como de costumbre, provocando su interés y solicitando conversar en privado. No accedió hasta que me gané su confianza no sin varios intentos fallidos. Hablábamos de todo después, claro está, de averiguar su edad y estado civil. Una vez conseguido esto intentaba siempre dirigir la conversación hacia el sexo. No era fácil ya que siempre se las apañaba para hablar de otras cosas más trascendentes pero de menos interés para mí, hasta que un día conseguí una cita a ciegas. Nos vimos en un motel de carretera. Aunque me quedé estupefacto al comprobar que Madame Bovary era mi esposa hicimos el amor con la fogosidad y la pasión de dos adúlteros. Durante un tiempo seguimos viéndonos en ese motel como si fuéramos dos perfectos desconocidos, hasta que un día me dijo a través del chat que se iba a divorciar de su marido para casarse conmigo, con Barbanegra. No he vuelto a entrar en ningún chat desde entonces.


miércoles, 1 de enero de 2014

¡SALUD Y PAZ PARA 2014!

Desde Donosti lo dicho: Salud y Paz.