Welcome to the Inopia.

Más allá de Orión, la Puerta de Tanhauser, los Cerros de Úbeda, la cara oculta de la luna, Babia y más lejos todavía de donde Cristo perdió el gorro andan a la deriva, o más bien naufragan, mis pensamientos y reflexiones sobre las más que recalentada realidad que nos abrasa todos los días. Por eso, cuando todo se emborrona y pareciera que nada tiene sentido, me exilio en la Inopia, lugar donde encuentro el hilo de Ariadna al que agarrarme si quiero encontrar la salida del laberinto.


Sitio desnuclearizado

lunes, 3 de enero de 2011

3 de enero de 2011.

Sigo navegando. La procelosa mar de las ondas cibernéticas sigue meciendo este navío desde el que contemplo el devenir de los tiempos. Nada parece haber cambiado después de traspasar la frontera de un año hacia a otro. En estas corrientes marinas cargadas de tanta energía no parece que se hubiera trastocado nada. Todo sigue igual. El laberinto espacio temporal por el que transcurren estas aguas, a pesar del constante cambio del que se alimentan, pareciera haber caído en una inesperada monotonía. Quiero imaginar que esta inquietante contradicción sea tan solo pasajera y que tras la aparente “tranquilidad” vuelvan a sucederse acontecimientos que sacudan mi navío de proa a popa.

Mientras tanto, diviso a lo lejos un mar de letras entra las que sobresalen pasajes de libros tan eternos como sus autores. Frases que nos estremecen, emocionan, entristecen, alegran, enamoran, apasionan, alteran, revuelven, inquietan, enseñan, despiertan pero también nos hacen soñar y, en algunas ocasiones, nos hacen sobre todo reflexionar.

Entre tantas letras derramadas, cual sopa de letras, sobre esta procelosa mar se iluminan ante mi atenta mirada solo unas pocas (quizás sea que mis ojos solo han querido centrarse en ellas) que recojo con mis redes y llevo a cubierta para cuidadosamente ordenar sobre la mesa. Aparto las cartas de navegación y otros objetos que me guían en este tan extraño viaje, para leer con curiosidad el mensaje rescatado de las aguas: una nueva reflexión, sacada de ese maravilloso libro incatalogable que es Rayuela, llena de magia, poesía y metafísica. Me apresuro a copiarla en mi cuaderno de bitácora.

“Sólo en sueños, en la poesía, en los juegos –encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos”.

Julio Cortázar, Rayuela, Capítulo 105.

Que mejor que releer Rayuela, siempre Rayuela, para saltar de un año a otro, de un instante a otro en ese juego tan complejo, surrealista y caótico que es la vida.

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